Donde existe una necesidad,
nace un derecho.

María Eva Duarte de Perón
1919–2019

Una serie de acciones artístico-políticas para celebrar los 100 años del nacimiento de María Eva Duarte de Perón. 

Eva vuelve en el centenario de su nacimiento.

Vamos a recordarla, multiplicarla y luchar para que, en cada necesidad, vuelva a nacer un nuevo derecho.

Acciones

01-05-2019
SERÉ MILLONES
FASE 1

Producción de afiches a mano en La Maqueta (26 e/ 65 y 66, La Plata).​

07-05-2019
SERÉ MILLONES
FASE 2

Pegado de afiches en La Plata con replicación a lo largo de Argentina.

Nuestro Manifiesto

A pesar del deseo de muchos, la imagen de Evita sigue vigente a cien años de haber parido una forma muy singular de vida. Una que ella misma cifró como un resumen de convicciones políticas, orígenes humildes y amor al prójimo. La suya fue una vida desafiante, no hay lugar a dudas. Tanto al orden dominante y excluyente de varones bien nacidos y arropados bajo concepciones patriarcales, como frente a mujeres caritativas y serviciales a ese mismo orden.

Pero la imagen de Evita fue también un territorio de disputa. Hay quienes olvidaron sus rasgos indóciles y remisos al orden oligárquico y quisieron ubicarla en un segundo plano. Hay sin embargo quienes la vemos complementando la gesta insumisa y plebeya que significó y significa aún hoy el peronismo para los grupos dirigentes de este país maldito.

Pero lo cierto es que este año se cumple un siglo signado de retornos sucesivos de Eva. Un siglo donde el significado de su vida, su martirio y su obra nos obliga a dar cuenta de ella, y al mismo tiempo, de nosotros mismos.

El recuerdo de su vida se nos presenta como un catálogo de gestos usuales, de frases mal recordadas, de anécdotas ajenas o de grabaciones inconclusas. Pero no de ella.

Tanta complacencia fingida sobre su vida, se devoró su recuerdo más nítido.

Nosotros optamos por una imagen de ella, aunque paradójicamente sea múltiple y diversa. Nuestra Evita es impetuosa y maternal; es severa y leal; es humilde y generosa, pero ante todo es combativa.

Reflejo de su pueblo al que amó profundamente, Eva consolidó derechos postergados, resarció heridas e imaginó horizontes nuevos. No llegó a verlos, pero pudo verbalizarlos: “seré millones” dijo y su imagen sembró de significados a décadas de historia nacional.

Pero los y las millones de Evas no anidan en la tibieza del hogar encendido y la comida diaria. Son millones con poco o nada. Son nadies, carecen de rostro. Habitan en ese subsuelo postergado de la patria. Ella los conoció, ya existían. Su existencia le confiere a nuestra historia un desafío al pensamiento menos ingenuo y más riguroso: esos millones siempre están volviendo. Eva atraviesa la historia con ellos, que es lo mismo que decir que regresa con ellos, como sucede hoy.

Mezclada entre pañuelos orgullosos y desafiantes sabe que no existen derechos concedidos. Nada se logra bajo el permiso de los poderosos, porque el poder anida en todos lados.

Eva vuelve porque no hay derecho más vulnerado que el de la esperanza. Pero también porque no hay derecho más importante que el de recuperar los sueños. Ese que es el inalienable, el punto de partida desde el que brotan nuestro amor al prójimo.

Sus queridos grasitas, las mujeres de su patria y sus queridos descamisados vieron cómo en ella germinaba la imagen de la victoria. A esa imagen queremos volver. A la que gana corazones de argentinas y argentinos cansados del hambre o de la falta de esperanza nomás. A la que desafía saberes y rituales del buen sentido dominante. A la que no pide permiso para reclamar lo que es justo. En definitiva, a la imagen que conquista derechos porque no transige, pero que tiende siempre la mano necesaria al que sufre.

Eva vuelve, como lo hizo siempre. Este año más que nunca. Nos escrutará con su mirada piadosa, pero exigente.

Habrá algunos que no la quieran recibir. Otros la esperarán con su mirada cómplice, de cariño maternal y de cobijo sincero. Sin dudas vendrá a recordarnos que adeudamos y nos adeudan derechos.

Nosotros sabremos cómo recordarla para volver a dibujar los contornos de su imagen y tornarlos nítidos, para que en cada necesidad, vuelva a nacer un nuevo derecho.